EL VUELO
A solo treinta y seis kilómetros del pueblo está el aeropuerto internacional. Ha sido remodelado con esas partidas de dinero que llegan de manos sucias; lo han dejado con el aspecto necesario como para demostrar que las urgencias en materia de seguridad, que desvelan al mundo por estos días, están de alguna manera controladas. Aunque esto sea siempre una burbuja de apariencia y de guardar la basura debajo de la alfombra. A pesar de la cercanía siempre preferí la tranquilidad del pueblo para residir, esa que me mantiene en la relación directa con la naturaleza y con los afectos más entrañables de mi infancia. Mi profesión es la de piloto. Trabajo para una pequeña empresa que hace traslado de correo privado en vuelos de cabotaje. He volado por espacio de 6 años, desde mi salida de la fuerza aérea con un grado inferior. Y el pueblo es el puerto seguro de mis esfuerzos en cada jornada. Muchas han sido las mañanas que, antes de salir en busca del cielo, salgo y ...