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Mostrando las entradas etiquetadas como Tristeza

I'NOT ALONE (NO ESTOY SOLO)

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Caminaba por la playa de mi mar, sí, lo llamo mi mar como si lo hubiese comprado. Preguntaran por qué, pues diré solo que hace cuatro décadas soñé con estar a su lado, recorrer sus costas, bañarme en sus aguas como si fuese un bautismo tardío, hundirme en su mansedumbre de verano y galopar sus olas bravías en invierno; cambiante, mutable, inconforme, ciclotímico como mi misma personalidad. Fue cuando lo adopté como mío, bajo el cantar del poeta que hablaba de él diciendo:  …A tus atardeceres rojos Se acostumbraron mis ojos Como el recodo al camino Soy cantor, soy embustero Me gusta el juego y el vino Tengo alma de marinero Qué le voy a hacer, si yo Nací en el Mediterráneo Nací en el Mediterráneo… No nací en él, pero sí he renacido como el ave fénix entre sus aguas, sus amaneceres y sus playas cortas y empedradas de la costa catalana. Soy un adoptado por esta tierra y mi mar, es mío por amor puro que se manifiesta en mis letras y la sal de mi boca. Quie...

Las Cebollas. (relato homenaje con anáforas)

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“El proyecto del ego nace fracasado...; El ego es una cebolla después de eliminar todas sus capas...” Cuauhtémoc Molina Monroy, filósofo y escritor de la actualidad. Miraste el reloj y tomaste en cuenta que el mediodía se acercaba a pasos de gigante, que si no ponías manos a la obra no habría comida a tiempo. -        El tiempo es poco, pero he de aprovecharlo lo que más pueda.- pensaste mientras ibas en busca de lo necesario para la comida.- haré como plato principal tres carnes con el sofrito que la hizo reconocida en el pueblo… aunque no lo pruebe. Ella supo que no tendría el resto de sus días como lo había planeado y la consolaste diciendo que eso estaba lejos como para preocuparse, que seguía siendo La Jefa, la dueña de vida y suerte, la que mandaba y que todos los que estaban bajo ella solo obedecían sus designios. Se lo dijiste y lo repetiste para convencerte que los días no se acortarían, que nada cambiaría, cerraste tus ojos a ...

Sin Retorno.

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No sabes de donde sale, solo que se ha instalado en tu entorno, tu casa, tu cuerpo, habita desde hoy en ti mismo. Te parasita. Haces una prueba, experimentas de puro hastiado, enciendes un cigarro y le das un par de caladas; dejas que se consuma solo. Lo observas como lentamente el papel se quema junto al tabaco que es un tanto más tardío en convertirse en nada más que humo. Esperas. Se ha consumido más de la mitad y mientras tanto solo piensas en la nada. Estás vacío. Cuando ha llegado a las tres cuartas partes, sin aviso, se apaga. Ahora piensas. Si no le doy una calada, el fuego se extingue. Si no hay motivo, el fuego termina en cenizas, apagado. Sigues pensando. Mi vida es similar, sin un motivo que renueve la voluntad, ella se debilita hasta apagarse; solo cenizas me vuelvo. El parasito se alimenta. Eres la envidia de muchos, pero no basta. Tienes lo que ansiabas, pero no es suficiente. Vives la tranquilidad que otros buscan, pero no te satisface. Tu...

Dos intervenciones en Concursos Literarios

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Tengo dos intervenciones en el Club de Escritura de Fuentetaja. Uno es en la convocatoria a Microrelatos donde he posteado el relato "Sin invitación"  y la otra es en el II concurso de Historias del Trabajo con la narración "Los Laminadores" De ambos les dejo los enlaces para acceder a los escritos y también para que podáis votar, si así lo quisieran. https://clubdeescritura.com/convocatoria/viaje-aun-no-he-hecho/leer/249799/sin-invitacion/ https://clubdeescritura.com/convocatoria/ii-concurso-historias-del-trabajo/leer/250095/los-laminadores/

No hay tres sin una cuarta. (Serie Textículos)

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Tres intentos hizo ese día. La mugrosa y derruida casa en que vivía le condicionaba para poder pensar con claridad. Las malas hierbas como los malos tratos que recibía, crecían día a día. Se restregó en la única sábana de su cama y miró a través de una de las miles de rendijas que tenían los tablones que servían de ventana y cortina, esas que en algún momento tuvieron otros paisajes sin sombras. Aún estaban las huellas de las zapatillas con mierda que se apoyaron mientras la vejaban por enésima vez la noche anterior, fue un desconocido que le empujara a su inmundo lecho. Tres intentos y ninguno con el resultado que buscaba. Un cuervo graznó ronco y desagradable en la punta de una de las resecas ramas del árbol. Le pareció una dulce nota donde había solo un ronquido. Es un pájaro, pensó. Y tiene alas para ir donde quiera, pensó. Alto, muy alto donde no hay miseria, pensó. La sangre en sus muñecas se resecaba como lo hacían hace años sus ilusiones.  Las mir...