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Mostrando las entradas etiquetadas como Esclerosis Múltiple

REQUIEM POR UN DOLIENTE

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Este largo cansancio se hará mayor un día Y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir Arrastrando su masa por la rosada vía Por dónde van los hombres, contentos de vivir... Sentirás que a tu lado cavan briosamente, Que otra dormida llega a la quieta ciudad. Esperaré que me hayan cubierto totalmente... ¡Y después hablaremos por una eternidad! Sólo entonces sabrás el por qué, no madura Para las hondas huesas tu carne todavía, Tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir. Se hará luz en la zona de los sinos, oscura: Sabrás que en nuestra alianza signo de astros había Y, roto el pacto enorme, tenías que morir... (Gabriela Mistral, poetisa) Si tuviese la excelsa lengua de Gabriela, podría decir, aunque no mejor que ella, como me siento cada vez que el sol pone sus ardientes manos sobre nosotros. Cansancio, fatiga, agotamiento, desfallecimiento, lasitud, astenia, dice el diccionario que son sinónimos pero para le sufriente cada una de las maneras de l...

Mi Peor Enemigo

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En la vida , en estos 58 años de andar por aquí, siempre me las di de tío duro, de macho que se las aguanta todas....hasta que me toco luchar contra la Esclerosis Múltiple.  Allí no valieron las fuerzas de mis músculos cultivados, ni mi mente precisa y aguda; no tuvo nada que hacer todo mi conocimiento sobre mil materias, ni mi extenso poder de análisis. Experto en la resolución de conflictos y apto para trabajar bajo presión, me enfrenté con un enemigo que simplemente me dejó sin las herramientas que solía usar; mis fuerzas, mi postura, mi movilidad, mi palabra, mi memoria infalible. Me inmovilizó envolviéndome de dolor constante, me amordazó para tartamudeara, me quitó la memoria inmediata de modo que no recuerdo que hice ayer, me privó de los sentidos del gusto, el olfato, el tacto y la voluntad sexual. Me convirtió en todo lo que No era. Me aisló y rompió mi matrimonio, me alejó de mis amistades, de mi trabajo, de mi vida social y me encerró en una cápsula de odio y dolor...

Mi cerebro y sus andanzas con la EM

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“Todo hombre puede ser si se lo propone, escultor de su cerebro” Santiago Ramón y Cajal Y nada más justo que esta frase, para comprender a mi cerebro y sus reacciones. En primer lugar he comprendido, después de enfermar de Esclerosis Múltiple, un mal que ataca a las vainas de los conductores de estímulos eléctricos entre las neuronas, provocando que dichos mensajes sean alterados y no se interpreten de modo correcto, que en mí persona hay un organismo dominado en sus acciones por un cerebro; pero que también existe otro ente, Yo como ser viviente y participante de esta unión que conforma una criatura pensante. Somos dos, cuerpo y mi alma, o como quiera llamárselo. Y quien escribe, quién es capaz de analizar desde un exterior es este otro personaje, alejado del sistema orgánico. Luego de comprender esto y hacer la separación de posiciones, puedo ahora detenerme en las observaciones que he hecho. Cualquiera de vosotros que leéis esta página, actuad de modo absolutam...

SE ME PELARON LOS CABLES....

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SE ME PELARON LOS CABLES….. Esa era una frase con que se daba como explicación a reacciones intempestivas o alocadas en épocas en que mi abuela me criaba mientras mis padres trabajaban. Pasaron los años, medio sigo y algunos años más que fueron suficientes para conocer otro lado de esa frase, tal vez una arista no tan graciosa como la que conocía. Esos cables de los que hablaba mi abuela, eran los axones que salen del soma de una de las más de cien mil millones de neuronas que hay en nuestro cerebro; cada axón es el encargado de comunicarse con otra neurona y establecer el tejido neuronal con el que pensamos, sentimos, actuamos, nos emocionamos y leemos entre millones de acciones que hacemos por día en nuestras vidas. Como todo cable que se precie, su función en conectar neuronas, llevan energía entre sí que al fin son los mensajes que hacen que levantemos un dedo, declaremos el amor a una dama o nos equivoquemos al votar un candidato político; esos mensajes complejos se gener...

El divorcio con mi Cerebro

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“Me agaché para colocar bien el zapato a mi hijo; creo que era mi hijo. Tenía entre dos y tres años y recuerdo su carita; el zapato se parecía a uno de esos que suelen usar los recién nacidos, de color rosado, extraño para un hijo varón. Le tomé de la mano y seguimos al grupo con el que nos dirigíamos a nuestros hogares por esos cuatrocientos metros bordeando el solar arbolado y oscuro, con el siempre ángulo misterioso del geriátrico municipal; lugar tenebroso de espantos y crímenes, violaciones y fumatas, ladronzuelos y borrachos. Será por ese recuerdo, que al entrar en esa recta, sentí que quedaba solo con mi hijo en brazos y que recorría por mi espina dorsal, un frío erizando el vello. Salida de la nada, entre la oscuridad espesa que ha reinado desde época inmemorial bajo los eucaliptos y paraísos, una luz de mal aspecto, lechoso, chispeante por momentos, con el andar errante de un beodo comenzó a perseguirnos, silenciosa, aterrante. Grité con todas mis fuerzas tratando de ...