¿Cuál es el próximo paso en la literatura?
Hemos pasado de la élite de intelectuales con barba, cigarro entre los dedos, melancólicos o exageradamente extravagantes, sentados en un café y debatiendo sobre principios (o finales) filosóficos, que llevaban su libreta de apuntes en el bolsillo, a una ama de casa, un estudiante de medicina o arquitectura (no importa la rama), un operario de una fábrica, un pinche de cocina, un ejecutivo o un pastor de ovejas (si queda alguno), que munido de su teléfono móvil, una tableta o el ordenador se dedica a escribir, y muchas de las veces tan bien como los supuestos intelectuales y escribas de profesión. Todo el cambio y apertura literaria en menos de lo que canta un gallo, unos veinte años (es que el gallo últimamente tarda más que antes en cantar) en que la tecnología ha permitido que cualquier persona con el deseo y la voluntad de describir sus emociones, sus frustraciones o sueños latentes y larvarios, se exponga al mundo y escriba sin el miedo o la restricción que antes imponí...