Salude y sea feliz, no voy a matarle
El abrazo Acostumbro a dejar tras un saludo la encomienda de “Un abrazo”. Me resulta cómodo para finalizar un mensaje en esta época de la comunicación masiva y virtual, pero analizando el significado no me quedo muy tranquilo. El abrazo nace de la necesidad, esa que tenían los guerreros enfrentados en una batalla y que por la razón que fuese, tenían un acercamiento personal uno con otro. Allí el abrazo era obligatorio para palpar las espaldas del contrincante no fuese que llevara un arma escondida que pudiese sacar y matar al bienintencionado anfitrión o al revés. Indudable que aquello derivó en una muestra más de afectuosa confianza, si te dejas palpar y yo hago otro tanto es que entre ambos la confianza está establecida y tras esto podemos conversar sobre lo que nos atraiga o convenga. Abrazar hoy es según la definición más cercana a la etimológica y versada: “Acto de rodear con los brazos a alguien o de hacerlo dos personas entre sí como muestra de afecto, cariño...