LA IGNORANCIA FELIZ.


“ella no sabía que para que el sol brillase al día siguiente, antes debía ocultarse”
“él no sabía que los frutos que comía tenían en sí mismos las semillas que darían más adelante, y gracias a estar en la tierra, nuevas plantas que otra vez ofrecerían sus manjares al alcance de su mano”
“ella no sabía de las diferencias sociales porque no había una sociedad que la rigiera con normas y leyes”
“él no sabía de matar porque no necesitaba hacerlo para su sustento y por lo tanto la violencia no yacía en sí mismo”

Dicen los Libros Sagrados, esos que se transmitieron de boca en boca, que se cantaron para que perdurasen en la memoria de la gente, que luego fueron escritos con las interpretaciones de la época y bajo las circunstancias sociales, políticas, económicas, militares y sobre todo religiosas en que se hallaban los encargados de la tarea, que así se vivió en los primero tiempos de la humanidad, cuando un Dios o Creador tenía contacto directo con sus creaturas. Se busque donde se quiera, en la civilización que sea, el comienzo de los seres humanos presenta similitudes asombrosas entre sí.
La descripción de ese lugar, el paraje de tono idílico y perfecto en que se desarrolló el inicio de la especie, para las religiones es en mucho similar; seres humanos felices, con un sustento asegurado, guiados por su Creador, con libertades casi absolutas, sin nada que mostrase peligro ni que fuese una preocupación, más allá que la de vivir y cumplir con las expectativas con que habían sido creados. En la mayoría de los casos se dice claramente que tal labor a cumplir era la adoración a su Dios Creador, y en otras lo insinúan lateralmente que debían gozar de lo que poseían y estar agradecidos por ello.
El acto de agradecimiento, si bien no se especifica en qué consistía, pero se  deja comprender que existían en esa guía de su Creador, modos de demostrar su gratitud haciendo sacro algo material.
Ahora bien, en todos los casos se dice de una prohibición, una imposición, tal vez una de las dos o tres reglas que se les dio; y esta era la de no tener conocimiento.
En el caso específico de la Biblia, del Corán y de manera intertextualizada en el Popol Vuh, estos dicen “no comerás del árbol de la ciencia del bien y del mal”; si analizamos un poco podemos ver que esta ley sagrada (hecha tal por venir del Creador) encierra una protección hacia los participantes del mencionado e idílico lugar; sí, el amparo con el que contaban ellos de lo que se suponía un estado superior y maldito.
Pero, ¿por qué maldito?


Solo se me ocurre que quién dicta una ley de este tenor, teme que se le haga sombra en un futuro o al menos se alcance el nivel del que goza en el estatus creativo, aunque también revela algo tremendo: “si tiene que dictar la ley, es porque el hecho de estar ese árbol allí, no ha sido su voluntad, sino la de alguien o algo superior a Él mismo, y da la regla para protegerse en un último acto de rebeldía demostrando su descontento con el símbolo del conocimiento”
Aunque allí no termina todo, es evidente que lo que se reglamenta en adelante es un estado de sumisión absoluta so pena de sufrir un siguiente estado con los peores sentidos alterados; y el miedo es la mejor herramienta que se utiliza para esta sumisión.
Desde ese entonces, (suponiendo que este fuese el principio de los tiempos para el ser humano) es el terror el que se impone como corrector del rumbo deseado por este Creador y sus Representantes terrenos.
El Mal ha sido hecho y el paradigma ha sido incrustado a fuego en el ADN humano, ya jamás será quitado.
Y da los efectos deseados por completo; el ser humano recuerda permanentemente una estadía feliz, dependiendo de un Creador, sin preocupaciones, en una situación personal y social estable, con una relación pautada en lo deseado y con solo tres o cuatro leyes de fácil cumplimiento.
El tío estaba a sus anchas allí, siente íntimamente que es ese lugar el suyo, que quiere regresar a vivir así, que añora esa situación aunque solo la conozca por una atávico impulso que se guarda en la memoria genética y que se lo recuerdan unos libros de los que duda, pero como le pintan lo que desea, él los sigue.


Y eso lo va plasmando en sus actos a lo largo de sus milenios en la Tierra. Cada paso que va dando está buscando volver a apoltronarse entre un mar de fragantes flores, escuchando el gorjeo de hermosas aves, estirado en un césped de perenne verdor y con una suave brisa que le mece cabellos de oro sobre una blanquísima piel (por más negro, amarillo o roja que sea ahora mismo). Lo sueña, lo anhela, lo desea de corazón, lo añora, lo extraña, lo convierte en canciones y poesías, lo demuestra en obras de teatro y  lo pinta en cuadros, lo expresa de todas la maneras posibles en sus sentidos.
Y mientras tanto esperando la hora de la felicidad, busca sustitutos que palien la ausencia. Adopta medidas, toma decisiones, que son coherentes con ese deseo y deja en manos de otros el destino de su propia persona.
Forma una sociedad con gobernantes porque no quiere autogobernarse, pues eso sería ser incoherente con sus deseos de subordinación; permite que le llenen de leyes absurdas y que le impongan una justicia delirante por no hacer, por no interesarse, por no querer intervenir ni participar. Y está claro el porqué; fue vilmente castrado para que así respondiera desde el comienzo por la Hermana del poder: la Religión o la Iglesia, como se quiera llamar; el dogma maldito que tergiversó e interpretó la historia para su propósito, el de adueñarse de todo el Mundo y someter al individuo bajo el terror, convirtiéndolo en un animal domesticado que mantiene con una invisible cadena de miedo a la muerte y sus consecuencias, que le cargó culpas inexistentes y taladró las mentes hasta que obtuvo el dominio de las almas, es la socia de la política en este reparto y puja constante del equilibrio del poder mundial.
Y todo porque el ser humano tiene grabado en su inconsciente que el mejor lugar al que debe aspirar, es el paraíso, la tierra prometida, el edén donde no tendrá que volver a preocuparse por elegir o decidir, ya lo hará otro por él.


Y allí será ignorante de lo que suceda, pero será enteramente feliz.
Es entonces la ignorancia la puerta de la felicidad del ser humano…..mediocre, del ser humano masificado, del tío del que habla José Ingenieros, del que en la escala evolutiva se ha quedado esperando en los portales que los que pasan le dejen una migaja diaria para seguir subsistiendo, el que quiere trabajar lo justo o no hacerlo si es posible, el que adhiere a los sistemas asistenciales y los nutre con sus votos.
Es el Ignorante Social, el Ignorante Feliz, quien ha malinterpretado la felicidad poniendo la satisfacción del ocio improductivo por delante de cualquier riesgo o triunfo personal.
Y de estos, señoras y señores míos, está compuesta la mayoría de la masa que sostiene el sistema social actual.
Ahora cuando reneguemos contra el sistema, contra la Banca insensible, los políticos malditos, la corrupción del estado, la iglesia pederasta, la sociedad bastardeada, pensemos en quienes sostienen este estado de situación.


También reflexionemos sobre lo que nos han inculcado, ese Creador bipolar, vengativo hasta el punto de matar inocentes o de perdonar y resucitar muertos, el mismo que da leyes del sometimiento de la mujer por el hombre estableciendo diferencias de género y luego habla de amor entre los humanos, el que proclama que se debe amar al enemigo pero escribe con su mano que se debe matar al impío y hereje; es el Creador que inventó un Infierno inexistente con fuego eterno para quemar almas pecadoras, pero a la vez los pecados pueden ser absueltos y condonados si haces una donación generosa a la Iglesia o sacrificios sobrehumanos.
No quiero con esto decir que no haya un Dios o Ser superior que haya sido un Creador verdadero, pero me niego a creer en el que fue falsificado por los hombres para su propio beneficio en busca del poder sobre sus semejantes.



Si creo que el ser humano como todo ser viviente puede vivir en un estado de paz, armonía, libertad, independencia, autosuficiencia, pleno de conocimiento, con todas sus capacidades habilitadas sin que haya restricciones y leyes que le coarten su evolución.
Si creo que el ser humano es capaz de autogobernarse, de crear su familia, de establecer su ética, de producir y de comerciar libremente, de trasladarse por el Mundo sin fronteras, de compartir sus conocimientos sin barreras burocráticas, de resolver sus conflictos de modo que vea satisfecha su moral familiar, única sociedad que identifico como valedera.



Y así la Ignorancia no será la puerta de ninguna clase de felicidad.

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