El Buey bien solo se lame



A VECES ME FASCINA EL SER HUMANO
Hay situaciones en las que me deja con la boca abierta a pesar de haberlas vivido infinitas veces, como si de tan reiteradas se me olvidase que sucedieron hace tal vez horas, y regresa a ocurrir en mis narices.
Y es esa reiteración o mi olvido, alguna de las dos, lo que termina fascinándome de esta especie; supuestamente evolucionada, pretendidamente adulta y crecida a través de milenios, no ha sabido aún entablar una comunicación fluida entre dos de sus pares.


El caso es que tu puedes, DEBES estar dispuesto a escuchar al otro en sus quejas y la retahíla de penas y sinsabores. Tienes una, casi obligación social tácita de colocar toda tu atención en el supuesto quejoso y desgraciado que se planta ante ti, con todo su cuerpo indicando un estado deplorable de angustias, depresiones, cargas emotivas, desastres económicos, sentimentales, frustraciones que van desde lo básico y sexual hasta lo profundo y existencial, complejos de un pasado oscuro o miedos tremendos de un futuro negro e incierto; todo cabe en las desventuras del pobre infeliz que te toma como paño de lágrimas y destila cuanto hay en su interior-exterior agobiándole la vida, cagándole la existencia y maltratándolo como si de una piñata de cumpleaños se tratara.
Y tu piensas, pobre tío o tía, que vida de mierda está pasando; y como eres poseedor de cierta empatía, te acomodas en sus zapatos y le escuchas compartiendo sus dolor atroz.
Al fin, le darás el mejor consejo, o le prestarás además de la atención y el hombro para su llanto, el dinero que necesita, o un lugar en tu casa hasta que se acomode, o el coche para que haga ese viaje que desea, o harás de Celestina para que su pareja vuelva a su lado por más que la otra parte esté gozando unas vacaciones de puta madre en Cancún con un nuevo ligue.
Entonces viene lo asombroso, la contrapartida, lo que me fascina.
Tu, como cualquier otro ser humano y como par del que salvaste y escuchaste en la ocasión de su caída, también tienes un traspié, te ocurre una desgracia, un evento de esos que te dejan el culo al aire y piensas: "Necesito que alguien me escuche"......craso error, allí no hay nadie y mucho menos ninguno de aquellos a quienes tu le diste tu tiempo, dinero, hombro, casa, Celestina y Mastercard incluida; nadie.
Buscas infructuosamente y tal vez halles a uno de ellos y sentados en un bar con un mísero café de por medio intentes contarle tus problemas, pero una vez que comiences, él o ella de un modo inexplicable dará vuelta la conversación y te hablará de sus "nuevos" fracasos. Al rato estarás con las manos sobre tu barbilla escuchándole y pensando como solucionarle la vida al infeliz que otra vez se metió en camisa de once varas. Y tu y tus problemas te las tendrás que arreglar solo, porque bien dice el refrán: "EL BUEY BIEN SOLO SE LAME"

Es esto lo que no deja de asombrarme y aun no sé si calificarlo de estupidez de mi parte, o de viveza de parte de ellos, los seres humanos.

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