La Trampa de la Esperanza




“La esperanza es lo último que se pierde” quizás uno de los dichos más utilizados por el género humano, aunque en sus distintas versiones según la cultura, el tiempo y las circunstancias, siempre se veneró de alguna manera a esa condición de espera, de tiempo de descuento que le pedimos a lo inevitable.

Las personas que dejaron huellas por lo que escribieron o dijeron, casi siempre se refirieron a la esperanza también; y creo que nadie está exento de hablar, de mencionarle, pues es normal que el ser humano sea temeroso ante el siguiente momento de vida y apela a que todo continúe, o al menos, que quede como está hasta ese momento.




Y dijo Metastasio, poeta italiano del 1700:”La esperanza y el temor nacen juntos y mueren de la misma manera, juntos.” Es el miedo, el soplo de vida de la esperanza, el miedo a la pérdida de lo que se posee; por eso que quién logra despojarse de cuanto tiene en vida no necesita de la esperanza; no espera, vive.

La palabra deriva del latín “esperare” y su significado no es otro que el de mostrar un tiempo en que todo queda en manos de otros, perdiendo nosotros el dominio de la situación y por ende encomendándonos a cuanto sortilegio tengamos a mano dentro de nuestras creencias, desde la resignación a la invocación intercesora de algún ente desconocido.
La esperanza en sí no es más que una trampa. Un hábil cepo colocado por nuestro ego.
“La esperanza es el peor de los males de los humanos, pues prolonga el tormento del hombre”
Dijo Friedrich Nietzsche.
La religión ha tratado de darle un buen uso en su dominación del ser humano, siendo el miedo la principal herramienta para tal fin, es la esperanza el ingrediente justo para que el sometimiento sea efectivo. El ser humano debilitado por las carencias, miedoso, temeroso ante la pérdida de sus bienes, entre ellos el más caro: la vida, acude a los cielos, ese punto atávico de reunión de sus ansias. Buscará allí la respuesta de sus problemas y la voz que le calme y consuele. Tembloroso, frágil, desmoronado y despojado de toda fortaleza se rendirá a buscar lo inasible como última puerta a abrir. Pero los cielos son mudos, Dios mismo no habla, ni su Hijo, ni ninguno de sus ayudantes celestiales se acercará a decirle cuál será el futuro, como se sobrellevará la carga. La incertidumbre, la desaparición de un horizonte, la ceguera del mañana y la posibilidad que todo sea quitado se cierne y aumenta de modo exponencial en la mente del atribulado. Si en ese instante le piden su sangre a cambio de una salida, la dará; si le dicen que bailando en un pie sobre un montículo de heces, el futuro le sonreirá, lo hará. Tal es su estado de indefensión. Está listo para ser dominado y la iglesia lo sabe.
“Buscad la oveja descarriada y no os preocupéis por las que están en el redil. Salid en pos de la perdida” Porque la perdida está lista para ser traída nuevamente al redil, donde todas son obedientes al mandato, el dogma y el rito. Porque el sometimiento se puede llevar a cabo mucho mas efectivamente en esas circunstancias en que el ser humano está indefenso.

Entonces le predican el dogma, lo dominan con los ritos y le dan como respuesta a sus aflicciones a “La esperanza”; la gran mentira. El ser humano aliviado, sostenido, sometido, acunado, contenido, comprendido, dominado, hará lo que se le pida y esperará en vano las promesas que llegarán en esta o la otra vida. Así no hay manera de acusar a nadie que lo prometido no se cumple. En este “esperare” se irá la vida, mientras dejará el diezmo, las ofrendas, las ayudas económicas y verá a una iglesia comprando campos, empresas, lucrando, siendo parte de la banca especuladora, comprando y vendiendo activos, acumulando riquezas, interactuando con círculos de poder político y económico; pero el ser humano no dirá nada porque eso es bueno, es la obra de la iglesia en el mundo. Y todo en paz y el esperando.
La esperanza también la utilizan la Maldita Clase Política, esa elite humana que se ha separado del resto de la humanidad con el fin único de dominarla, de someterla, así como la iglesia lo hace en lo espiritual, la política lo hace en lo social económico. Implanta en el ser humano sistemas que agudizan situaciones que le son benéficas para dominar las masas y aplican sobre ellas la esperanza de un Estado de Bienestar a futuro, siempre y cuando ellos estén allí garantizando que ello se cumpla.
El Poeta dijo en la Divina Comedia que en la puerta del Infierno, sobre ella está escrito: ”Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate”  (Abandonad toda esperanza, vosotros los que entráis)
Es la esperanza el último escalón hacia el vacío.
Y debió haberla leído muy bien, pues este es el infierno y es aquí donde no hay esperanza, el futuro que tenemos no existe, solo sueños son y ansias pero aferrarnos a ellos solo hará que no equivoquemos de camino y tardemos más en llegar.  Despojarnos de la esperanza, no esperar del mañana, sino hacer el mañana es mucho más efectivo y realista. Esperar siempre hará de nosotros seres con una parte inconclusa, pues depositamos la energía en el lugar erróneo; soñamos que alcanzamos en lugar de alcanzar.
“La esperanza ha contribuido a perder el género humano” dijo el Ibsen de La Casa de Muñecas.
Y lo expresa dentro de la idea de lo insalubre que le ha sido al ser humano aferrarse a ella esperando que las soluciones a sus problemas llegasen de modo extrañas a su manejo e incumbencia. Hay algo de abandono en un punto de la lucha diaria de parte del ser humano, dejando en manos de otros a los que llama Dios, destino, futuro, etc. pero siempre fuera de su ámbito.

Habrá sin dudas quien me discuta argumentando que la esperanza le ha dado felicidad, y es claro, esperas poniendo en otro la responsabilidad que te corresponde y sientes indudablemente un estado de felicidad, de alegre irresponsabilidad al no estar ya con el problema, pues le has dicho a Dios o al mañana que se ocupe de solucionar preocupación. Haz dejado de temer y bien se sabe que la felicidad es la ausencia del miedo.
Dijo François de la Rochefocauld:”La esperanza y el temor son inseparables y no hay temor sin esperanza como no hay esperanza sin temor”
Por lo que ese estado de felicidad es falso, ya que no lo puedo fundamentar en algo que no lo provoco con sustentabilidad, o lo cimento en una mentira; pues al no conocer lo que ocurrirá, estoy concurriendo a una mentira para creer que algo se solucionará con una intervención extranjera. Y llamo una intervención extranjera a  cualquier hecho que escape de lo que uno mismo puede hacer, incluso el tiempo.
Deberemos al fin reestructurar el concepto de desesperados y no ponerlo en el concepto de la persona que tirándose de los pelos corre por la calzada huyendo aterrorizada del monstruoso problema. Desesperado es como dice Arthur Schopenhauer: “Quien ha perdido la esperanza ha perdido también el miedo; tal palabra significa desesperado”

Perder el miedo, es haber logrado adelantarse a la sensación de inseguridad que nos sobreviene cuando tenemos por delante un obstáculo o simplemente el diario vivir. No temer es tener conocimiento. Ralph Emerson dijo:”El miedo siempre viene de la ignorancia”
Quién posee conocimiento no teme, ergo no necesita de la esperanza.
Quién no necesita de la esperanza nunca será dominado, ergo es un ser libre por completo.

“Para alcanzar la libertad hay solo un camino, despreciar todo cuanto no depende de nosotros” Epíteto


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