La Ira


La Ira es una emoción más, como lo es el amor o el odio, puede destruirnos si dejamos que tome control de nosotros, de nuestras decisiones, o puede ayudarnos a elevarnos un paso más si somos lo suficientemente inteligentes como para valernos de ella y usarla de peldaño para subir en nuestra evolución.
La Ira despliega en nuestro interior fuerzas descomunales y si permitimos que solo escampen a sus anchas por el organismo, provocando acciones que traerán reacciones del entorno, casi siempre desmedidas e indeseadas, no seremos inteligentes, no habremos hecho uso de los millones de años de experiencias que carga nuestro conocimiento. Debemos ser mejores que los simples que dejan que la Ira solo provoque más violencia y aprovechar esa energía para producir cambios de rumbo en nuestras acciones, orientando nuestros pasos a metas más elevadas y lejos de donde nos han fastidiado, donde hemos hallado la frustración y el desengaño.
La Ira puede ser la puerta para un nuevo camino pleno de oportunidades desconocidas y que creíamos inalcanzables, con solo no responder a su provocación y usar su vector de impulso para ir donde queramos llegar más pronto.
Por propia experiencia, por haber sido una persona de las que son llamadas "sanguíneas" , de esas que explotan al menor roce, he aprendido con los peores momentos que si hubiese usado aquella energía que me hacía estallar, en volverla positiva y que me fuese de ayuda para dar mayor claridad en el pensamiento, mis logros hubiesen sido simplemente espectaculares.
Basado en ello y a mis sesenta años aconsejo que no os detengáis en la explosión lisa y llana, sino que la apliquéis como si fuese el combustible de un proyectil que los lance a los terrenos de un mejor estado, lejos de la zona conflictiva.
No presentar combate ante la necedad, ante la mediocridad o la estupidez de otros no es de cobardes, sino por lo contrario es de sabios saber que pasar por alto para conseguir lo que se ansía. 

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