¿HAY TODAVÍA ESCRITORES? (ensayo narrado)



Esto que voy a contarte sucedió en una fábrica en los ’80.
La empresa se dedicaba a producir aluminio en su menor espesor (10micrones) partiendo de placas de 10 cm. de grosor. 
En el primer paso de la fabricación, están los hornos a 760ºC fundiendo el metal hasta que está líquido. El calor es insoportable y sudas más que un caballo a la carrera. 
Una vez que el metal se licúa, le agregan unas pastillas de Flux (algo así como un Alka Selzer grande) para que la escoria, la porquería que hay metida entre el reciclado del resto de procesado y los lingotes, salga a la superficie.
Me dirás que esto no es motivo para un relato… espera y verás.

Hay una frase entre la gente de literatura que dice: “Hay más escritores que lectores”, cosa de por sí muy cierta y verificable.
Pero antes de entrar de lleno en analizar el dicho, quiero hacer una diferenciación odiosa (sobre todo para los que dicen ser escritores).
Escritor es quién ha hecho del acto de relatar una escena con sus paisajes humanos y no, que interaccionan en un mundo que va desde lo totalmente fantástico (Harry Potter por ejemplo), a lo de absoluta realidad (Realidad Nacional de Clemente Villacorta, peruano); concibiendo estos desde el aporte de su imaginación, investigación y conocimiento.
Pseudo-Escritor es quién ha comenzado el camino de escribir, usa su imaginación, no utiliza casi nunca la investigación, y comete errores garrafales en el tratamiento del texto en cuanto a cuerpo, final, desarrollo de la trama, estructuras, ortografía, gramática, etc. no suelen tener formación y sí, un buen porcentaje de vocación.
Escriba es quién relata con o sin mayores herramientas del Escritor, lo que otro le dicta, o transcribe hechos elaborados por un tercero. De estos van quedando pocos como profesionales (monjes, sacerdotes, becarios, etc.) y hay un número minoritario que se aventura porque les es rentable, aunque no tengan la preparación deseada.
De los 3 casos, el que abunda y ha provocado una caída significativa de la calidad de las publicaciones, es el Pseudo-Escritor. 
Pululan en las redes sociales, arman su blog, su web personal, escriben en sitios de amateurs y algunos publican sus obras, ante la posibilidad que da la autoedición y los planes económicos de las editoriales. 
Dentro de esta “categoría” quiero incluir a unos que están en medio del batiburrillo de las letras impresas, estos son 2 o 3 que viven en una situación de parasitosis; por un lado está un personaje mediático (de los que ves en televisión y por quienes se te caen los calzones o las bragas) que tiene una vida de total exposición (caso Belén Esteban, ente extraño con kilos de botox que habita Telecinco) y por el otro, completando la simbiosis un aprendiz de narrador. Los primeros contratan a un Pseudo-Escritor (muy pocas veces a un Escriba) y hacen un convenio dónde editan un libro con sus andanzas, aventuras y llantos por el perrito que no le come, en el que solo figuran ellos como autores (aunque sea otro parásito el que escriba). Lo peor de esto es que sus libros llegan a ser considerados como “best sellers”, (cosa inaudita como Belén Esteban, Ambiciones y Reflexiones que se vende en la Casa del Libro a 5,65€) y estoy seguro que adornan la escuálida biblioteca de cualquier ama de casa con ambiciones de cacatúa. Estos (no sé al fin, cómo llamarles) digamos mercenarios de la literatura, hacen más mal que la mosca de la fruta en un sembradío de peras. (Quisiera saber si esta señora sabe reflexionar, sería un hallazgo monumental).

Entre estos y las redes que admiten bodrios (sí, he dicho bodrios sabiendo cuál es el significado (y si ofendo, lo siento, la verdad es dura a veces) copan las librerías virtuales y las que no lo son. Así se provoca que los que hayan estudiado y se han lanzado al mercado luego de haber escrito y desechado más de 20.000 palabras en unos 8 o 10 años, que asistieron a una universidad o institución acreditada para fundamentar sus conocimientos en literatura (ya sé que no todos los que tienen una graduación son aptos, pero son una minoría los vagos que no cumplen con los requisitos), se vean metidos en la misma bolsa de gatos. 
A esto hay que agregar que con la llegada de internet, se despertó en muchos (pero muchos), el deseo irrefrenable de sacar de su interior, sus miserias, sueños locos, ansiedades ocultas, represiones y demás, dando a la luz en forma de textos, cuentos, novelas, relatos, etc. La razón de esta explosión es la represión que imponía el ser uno más del montón, que para confesarse tenía al cura del pueblo (o la ciudad), el pobre empleado de la barra del bar, el amigo íntimo que soportaba estoico ante el embate de problemas ajenos, la pareja que en algunos casos lo argüía como motivo de divorcio (“Estoy harta de escuchar tus lamentos, me divorcio y anda a confesar tus mierdas a la iglesia…” dixit) o le quedaba como última oportunidad buscar una amante sorda que le dijera a todo que sí. Porque lo que necesitaban era hablar, que le escucharan y no le interrumpieran; para nada de empáticos, ni se les ocurría pensar que la otra parte, la oyente o receptora, tuviese también sus problemas y desencantos, por lo que le vomitaban por horas su retahíla sin fin. Pero allí salieron las redes sociales a dar la gran solución: “escribe que alguien te comentará apiadándose de ti”, y comentará con diversas caritas amarillas o gift, tal vez alguna palabra al estilo “Ola ke’asé” “Toy trbjnd” “tkm” “Lol” etc. 
Con esto estaba ya planteado el próximo escritor, allí se lanzó a decir lo que su imaginación y deseos de ser tomado en cuentas, le exigía como tributo a la inasible libertad que ganaba por medio de la red.
Aquí es cuando te explico lo del horno de fundición.
Siglos en que el ser humano no tenía más cercano como vomitorio de sus penas, que la iglesia, el psicólogo, el amigo, el barman y la mujer o marido, hicieron que la escoria se acumulara en la genética del individuo (teoría sin fundamento, no la tomes en serio), y cuando esa basura atragantada en medio camino entre el estómago y la garganta vio la vía libre; hizo lo mismo que en la fundición del metal, subió a la superficie y hubo que aguantarse que existiera.
En el caso de los hornos, se limpia con una pala de cerámica y santo remedio; en éste que nos ocupa, la pala limpiadora será el tiempo. Pasará tal vez una generación, hasta que nos hartemos de los pseudo-escritores y regresemos a leer a los que saben que dicen, cómo lo dicen y por qué lo dicen, los que tienen fundamentos para hacerlo: Los Escritores. 
Hay dos caminos (como todo en este Universo dualista), ellos, los pseudo-escritores estudian, investigan y se ponen a hacer las cosas bien convirtiéndose en escritores, o se van a la mierda y nadie les dará 3 céntimos por sus letras.
Esto está ligado de modo íntimo con un proceso que (ruego a todos los santos que así sea) destruirá, derribará, aplastará hasta que no quede nada, el actual sistema educativo mundial. Cuando esto suceda (y no debe pasar mucho tiempo para verlo), la educación será diferente, completamente distinta, abierta, libre, autogestionada, sin exámenes, sin presiones, amplia en todo el espectro del saber global, sin restricciones, ni lecciones aprendidas de memoria, solo conocimiento en estado puro, como el aluminio de 99,5% de pureza. 
Mientras esto llega, mientras la euforia de ser escuchado (o leído) pasa, mientras se satura de escritos con pésima gramática y ortografía, los Escritores debemos comer nuestros ahorros, seguir viviendo entre aprendices y sacando de ello, la mejor lección: “No cometer los errores que vemos a diario”. 
Al fin esta es una escuela permanente y si nos toca estar entre equívocos, hagamos pedagogía interna y aprendamos de ellos.
El proceso de refinación del aluminio tarda unas 6 horas, traducido en tiempo para nosotros, los Escritores, eso puede ser una vida; pero nos queda el consuelo estúpido que cuando ya no estemos aquí, es posible que lo que hayamos escrito tome relevancia mundial, y nuestros descendientes vivan de sus rentas (la utopía también es parte de la imaginación).
Para finalizar he de decirte que continúes leyendo blogs, web page, cuentos, relatos de desconocidos, pues yo también lo soy a pesar de mis más de 20.000 horas y mis estudios. 


Y un consejo, Séneca se preguntó: “¿Cui prodest? (¿Quiénes son los beneficiados?), hazte la misma pregunta y respóndete con sinceridad, quizás descubras algo maravilloso (yo lo hice y lo hallé).

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