Conversaciones con un Diablo. (Relato hereje 3ª parte)



 (El día anterior a las 11:40 horas)
Corrí hasta la esquina donde está la carnicería de Roberto, el propietario y amante de mi exmujer, Ofelia.
Al frente de la carnicería hay un bar, me senté y esperé; sé que cerca del mediodía suele formarse una cola de clientes que esperan ser atendidos. Este tío tiene buena carne, aunque se dice por allí que es de un matadero ilegal y es conocido como “Robalomos” por la misma causa.
Cuando consideré que el gentío no llegaría a más, dejé el café a medio beber y crucé la calle.
Desde el último de la cola, le grité:
-       ¡Eh! ¡Robalomos! ¡Que eres un cornudillo, un incestuoso! ¡Que no te enteras de na’! ¡Incestuoso, pagapajas, cornudo e incestuoso!
El carnicero dejó lo que estaba haciendo y cuchillo en mano salió. Al ver que se movía del mostrador salí disparado hasta el café y me senté en la mesa, como si nada hubiese ocurrido. Julián no pudo ver quién le había insultado, por lo que dio una vuelta por las mesas y se fue maldiciendo en voz alta.
Esperé un cuarto de hora y volví a la carga.
-       ¡Eh! Robalomos. Cornudo, gilipollas, incestuoso, que eres un incestuoso, que te acuestas con tu prima, ¡So degenerado!
Esta vez no me quedé en el bar, desaparecí de su vista y no creo que vuelva a cruzarme con él.
Di vueltas por el pueblo, lejos de la carnicería y mientras pensaba que haría, ya que sabía que en menos de 24 horas me moriría. No suelo ponerme triste o deprimirme aunque vengan por mí. Todo lo que me dijo el Diablo tenía una parte de verdad, y al fin me había dado la tranquilidad que es lo que había después de la muerte, y eso era muy importante.
Pero eran solo 24 horas y no me agradaba del todo, a lo que más temía era a sufrir dolor.
Pensé en mi padre, en ir a darle algún consejo, pero de qué le serviría si él ya es mayor y no cambiará por mucho que le insista. Visitar al resto de la familia tampoco era útil, cada uno tenía su rollo y ni me saludaban cuando nos cruzábamos en la calle. Mis amigos eran todos más tontos que yo, menos importancia le darían a lo que dijese; me tomarían por loco y alucinao, que el porro me había atrofiado el cerebro y cosas por el estilo. Al cura no podía ir, después que le putee en la iglesia. Llego a la cuenta que por más que me hayan dado conocimiento de algo tan importante para todos, porque hay que decir la verdad, nadie se salva de tener miedo cuando la de la guadaña aparece. Comprendí que saber más que los demás solo sirve para alejarte de la humanidad. Supongamos que los reúno y les cuento lo que me ha pasado por dos veces, dirían que soy un fumao, que el alcohol me comió el cerebro, que al fin enloquecí de tan tonto que soy. Tal vez tengan razón, pero estoy seguro que he hablado con este tío pintao de rojo, pero no lo entenderían.
Me fui a mi casa un poco triste y me acosté sin más, ni siquiera cenar.
De pronto se me ocurrió algo, podía ir al restaurante del italiano y decirle que le pago mañana, también podría comprar del mismo modo, un cartón de tabaco y cuanto me fiaran hasta el siguiente día, total no podrían cobrarle a un muerto; y si llegase a ser una broma pesada del Diablo, ya vería como lo arreglo.
Entré en lo del italiano y busqué la mejor mesa, miré la carta y pedí.
-       Me vas a traer de entrada una botella de vino blanco muy frío, de la marca buena ¿Eh? Nada de medio pelo, además quiero de entrada una tabla de ibérico y de quesos. Decile al jefe que le quiero decir algo, después te pido el resto.
El italiano vino.
-       Buona será amichi.
-       Buenas noches Otilio. Mira, si no tienes inconveniente te pago mañana la cena. Es que me he divorciado y quiero festejar hoy, pero cobro mañana y si no te importa…
-       ¡No caro amichi! Tu pide y manya que ío te cobro per la tarde, cuando abrimo. ¿Capischi?
-       Gracias Otilio, no quería dejar para mañana ir a festejar. Estoy libre Otilio ¡libre! ¿sabes lo que eso significa?
-       ¡Ma como no voy a sappere? ¡Eres libre como lo pájarito! Me alegro molto caro amichi, me alegro tanti que la prima botella di vino la invito ío. ¡Carmelo, veni cuá! Il signore no paga hoy, ya está arreglado y la prima botella di vino es a cuenta de la casa ¿Capischi?
-       Gracias amigo, gracias.
Para mi interior pensaba: “Esto se lo vas a cobrar al Diablo, italiano cabrón, que seguro que la botella de vino me la cobras por otro lado”
Cené como un dios y me fui a dormir medio en pedo.

(El día de la partida, 8:00 horas)
A las ocho de la mañana ya estaba de pie.
Con el mismo truco desayuné, compré tabaco y birra para todo el día.
Fui a ver a mi padre y le dije unas cuantas cosas que tenía en la garganta atravesada, no fuera cosa que me las llevara y no las hubiese escupido.
Elegí otro restaurante conocido y comí sin pagar.
A las cuatro de la tarde salí de comer y como había bebido dos botellas de un buen tinto, fui a caminar por la ribera del río.
En un recodo, medio escondido estaba nuevamente el tío pescando, el de ayer cuando hablaba con el Diablo.
-       ¡Eh! Hola. ¿Sigue desde ayer aquí?- le dije como para tocarle las narices.
-       ¡Sí hombre! Jejeje, y encima solo he sacado dos míseros pescados.
-       Bueno, por allí hay un dicho; “Algo es algo dijo el Diablo y se llevaba un cura al hombro”
-       ¡jajajaja! Muy bueno eso. Al fin de algún modo el Diablo es feliz, jejeje.
-       ¿Usted cree? No creo que se pueda ser feliz ni libre.
-       Eso es profundo amigo, la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que se hace.
-       ¡Uff! Es complicado eso. Muchas palabras me agobian y no consigo pensar.
-       No creo que usted sea un tonto, es auténtico, asume su responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es.
-       Me va a perdonar, pero cuando alguien junta muchas palabras el cerebro se desconecta. Bueno, me tengo que ir, buena pesca.
-       Vale, y recuerde esto: Cada palabra tiene consecuencias y cada silencio también, que tenga buena tarde y buen viaje.
-       Gracias, gracias.
Seguí el camino aliviado por no tener que detenerme a pensar en lo que me decía, el vino y la comida no me permitían hacerlo, pero me quedaron las frases que dijo y me voy sorprendido porque me ha deseado buen viaje… eso sí que no lo comprendí para nada. Si yo no me voy de vi… ¡Ah! Pero si debió referirse a que me muero… ¿Y cómo coño lo sabe?
Tuve ganas de regresar a preguntarle cómo sabía que haría el último viaje de mi vida, pero pasé de meterme en una conversación que no quería tener.
Hice algo así como 300 metros mirando el río, cuando siento a mi lado que alguien me saluda.
-       ¿Cómo está el próximo viajero?
-       ¡Hostias tío! Me has asustao, coño. ¿De dónde sales?
-       ¿No lo sabes aún, no sabes de dónde vengo?
-       Sí, si… del infierno. Ahora te toca decir que soy el más tonto del pueblo y ya está completo.
-       Sí, vengo de mi casa y a acompañarte en el camino final de tu vida.
-       ¡No seas tan dramático! Parece que me habla un personaje de esos de los libros antiguos.
-       Vale ya. Son tus últimos minutos. Tienes exactamente… quince minutos de vida. ¿Cómo quieres pasarlos?
-       ¿Te lo digo?
-       ¡Uh! Pero es que todos responden igual. Nada de relaciones sexuales, abstinencia sola y dura.
-       No hablemos de dureza, que hace tiempo que…
-       Ya dije que no, y vamos por esa calle que allí te toca.
-       ¿Me lo concedes?
-       ¡No!... en esta calle inicias el viaje.
-       A ver, a ver, espera un poco… ¿Podemos hacer un pacto?
-       Otra respuesta de manual, ¿Es que no sois capaces de solamente morirse y ya?
-       Bueno… digamos que no es fácil y como siempre se habla de pactos antes de morir, preguntaba por si acaso.
-       ¿Y qué pacto querrías hacer? Solo por curiosidad.
-       Ya me habían dicho que por la curiosidad murió el gato.
-       El que se va eres tú, y no un gato.
-       ¿Por qué no? al fin un gato es una vida.
-       Mira, comparando lo útiles que pueden ambos aquí, me quedo con el gato.
-       Gracias Lucy, yo también te quiero… lo dije en sentido figurado. Podríamos hacer un trato, me quedo, te soy útil aquí para lo que mandes y me dejas hasta que me toque la hora.
-       Es que eres tonto. La hora te ha llegado, no es cosa mía, estás en la lista con hora y día de este año, no se puede evitar. No hay trato.
-       Vale, vamos a por ello.
-       ¿Sí? ¿sin resistencia? ¿sin pena ni rogando por un día, un mes o unos años?
-       Si quieres me pongo de rodillas y te ruego, pero creo que la cagaste al contarme todo eso ayer, la muerte existe y también hay algo más que esta mierda.
-       ¿Qué la cagué? ¡ah no! ¡así no! tienes que tener miedo, horror, mocos y lágrimas por todo lo que dejas. Algo debe haber que te importe no volver a hacer o algún deseo no cumplido.
-       En realidad, no. no hay nada que me ate, ni quiera hacer… excepto…
-       ¡Ya sabía que había algo!
-       Sí, tú lo sabes…
-       ¡No! eso no, mantener una relación sexual no está en el contrato. En él firmaste que te causaría pena irte de aquí.
-       ¿Contrato? ¿Cuándo firmé eso?
-       Antes de venir. Es posible que no te acuerdes y es lógico que así sea. Pero te refrescaré la memoria.
-       Eso, refresca que te lo niego. ¿Una birrita para que no se te canse la garganta?
-       Vale, solo una y si está fría. Te eligieron entre muchos, y según me parece estabas ansioso por venir, te pusiste contento. Qué digo, eufórico por llegar aquí y vivir. Te dijeron detalladamente cómo sería la vida que llevarías, de quienes nacerías, a que colegio irías, los fracasos, muchos, y los éxitos, pocos. Te mencionaron cada uno de los tropiezos que llevarías y también tus amoríos, tu noviazgo, cómo meterías la pata con la Carmen y al final el casamiento con Ofelia. Se dijo que morirías temprano y que serías acompañado en tus últimos momentos, allí te dieron a elegir quién sería tu compañero y tú, tonto desde el principio me señalaste. Nadie podía creer que lo hicieses, pero te mantuviste en la elección. Incluso el Jefe te dijo que podías cambiar por uno de los ángeles custodios y tú, firme en la elección, volviste a señalarme. Al fin con la resignación del Jefe te extendieron el contrato y lo firmaste.
-       ¿Y allí estaba que la Ofelia me pondría los cuernos con su primo?
-       Sí, claro, estaba y está todo.
-       ¿Y cómo coño permiten algo así, si va en contra de las leyes?
-       El libre albedrío. ¿No has aprendido qué es?
-       Bueno… algo repetía el cura y las monjas en las clases de religión, pero nunca le di importancia.
-       Era de esperar. Bueno, el caso es que toda tu vida te fue mencionada y explicada y en todo estuviste de acuerdo. Firmaste y te embarcaron en el viaje.
-       ¿Y eso fue todo? ¡Vaya putada! Creí que sería mucho más complicao.
-       A decir verdad es parte de esa burocracia que te mencioné antes, es jodidamente perfecta y útil, pero en su esencia medio sosa.
-       Vale. Entonces lo que toca es morirme.
-       Sí, vamos a por ello.
-       ¡Espera! Espera un poco.
-       ¡Vamos tío, que no queda tiempo!
-       Y qué, si tiempo debe ser lo que sobra, ¿o hay diferencia entre morirme ahora o dentro de una hora?
-       Claro que hay diferencia, los compromisos hay que cumplirlos.
-       Un par de preguntas más y vamos ¿está bien?
-       Vale, luego el tirón de huevos me lo llevo yo, total soy un pobre diablo.
-       Jajaja… un pobre diablo. Me hizo gracia eso.
-       ¡Va hombre, pregunta de una buena vez!
-       No entiendo bien eso de haber firmado un contrato. ¿Cómo fue que yo estaba antes? ¿De dónde aparecí?
-       A ver si te lo puedo explicar, y que conste que lo hago por eso de la última voluntad del reo.
-       ¡La madre que te parió! ¡Que no soy un reo! Bueno, estuve una vez encarcelao pero fue por andar en pedo y romper el escaparate de la Emilia y robarle un pastel, pero nada más, de reo nunca me trataron.
-       ¿Ya terminaste? Eres pesado. Lo de reo es una alegoría, un dicho, una chorrada. Continúo, tú naciste como lo han hecho todos los espíritus, por orden y manipulación del Anciano con la Anciana…
-       ¿Qué? ¿Hay Anciana? ¿Qué el Jefe tiene una… dama de sus sueños?
-       Dime una cosa, ¿eres tonto o te haces? En este Universo todo viene de a dos, no hay manera de zafar de ello. Hay una noche y un día, una mala y el otro bueno, un negro y un blanco, una oscuridad y una claridad…
-       Por lo que dices hay otra cosa que me confunde. En la escuela me hicieron repetir hasta el cansancio eso de los artículos y creo que fue una de las pocas cosas que recuerdo. Cuando dices una oscuridad y una claridad… eso es bisexual, La oscuridad, La claridad, es como si fuesen lesbianas, igual que con negro y blanco; parece que fueran gays, El negro con El blanco. ¿No te parece así?
-       No tengo la mente refrita como la tuya. Deja los artículos de lado y céntrate en lo que digo. En el Universo todo es dual…
-       Como las ruedas del camión.
-       Sí, como las ruedas del camión… ¡uf! ¡Qué tío me ha tocado! Todo es de a dos, un Anciano y una Anciana, solo que a ella por respeto no se la menciona, porque es la Engendradora.
-       ¿La qué?
-       La Engendradora, la que procrea, la que da a luz.
-       ¡Ah! Creí que era una planta.
-       Idiota. En fin, la Engendradora es la que tiene la capacidad de engendrar (ya lo dice su título) a los espíritus. Estos viven allá como lo haría cualquier otro, con sus derechos y obligaciones. Uno de los derechos es presentarse como candidato a venir a la Tierra y probar qué se siente tener un cuerpo y entre lo que hay aquí, reproducirse; así pueden venir otros a probar de la vida.
-       O sea que vienen a… darle a la mandanga.
-       Eres bruto e insensible. Sí, vienen a darle a la mandanga. Y a muchas cosas más como es el respeto, los conceptos terrenales, las debilidades como el poder, el dinero, y esas delicias que tenéis a montones.
-       ¿Y eso para qué sirve?
-       Para que crezcas en conocimientos y regreses para ser más útil en la meta del Universo.
-       ¿Y es cuál es?
-       Llegar a la Unidad.
-       Al uno, ¿o al cero?
-       ¡Vaya que inteligente te vuelves por momentos! Al cero. La Unidad en este caso es el cero, el comienzo después del Universo.
-       Eso es muy complicao para mí, ¿qué quieres decir? ¿qué hay algo más después?
-       Eso no lo puedo responder.
-       ¿Lo sabes o no?
-       No lo sé. hay partes que no se conocen, a pesar que los humanos piensen que allí acaba todo, hay algo por encima de los Ancianos.
-       ¿Más dioses?
-       Eso no te lo puedo decir, lo desconozco. Dije que hay derechos y obligaciones, una de estas es no querer saber más de lo que te dan como conocimiento.
-       ¡Vamos, que soy tan pringaos como nosotros!
-       Vale sí, somos pringados como dices, pero es lo que hay. Y punto. ¿Qué más quieres preguntar?
-       Creo que nada, estoy embolicao con tanta palabra y entendimiento. Como si estuviese hablando con el tío ese que se la pasa pescando.
-       ¿Cuál? ¿JP?
-       No sé cómo se llama.
-       Seguro que fue JP y ¿qué te dijo? ¿te dio algún mensaje medio raro?
-       ¿Por qué tanto interés?
-       Por nada… por nada. Solo por saber que anda diciendo.
-       ¿Lo conoces?
-       A JP si lo conozco, está dando vueltas por la Tierra tratando de dar sus propios consejos, un renegado que no le fue suficiente el saber que consiguió que encima intenta llevar a su molino, el agua que recoja.
-       ¿Tiene un molino de agua? Atrasao el tío.
-       No, no tiene un molino… deja ya. Quise decir que intenta conseguir personas que piensen cómo él, solo eso.
-       No sé. me despidió con un “Buen viaje” cómo si supiera que me voy a morir.
-       Y sí, él lo sabe porque no está aquí en cuerpo, es solo su espíritu que deambula buscando adeptos, como lo hacen los curas o los evangelistas, buscan número para sumar a sus causas y así decir que tienen razón.
-       ¿Y él tiene una iglesia?
-       No, tiene un café.
-       Jajajajaja… allí me las has jugao. Está bien no te pregunto más de él.
-       ¿Ya has terminado?
-       Sí, no tengo ganas de seguir pensando.
-       Ya tendrás tiempo para ello, vamos caminando por la calle por favor.
-       ¡Uh! Me lo has pedido por favor.
-       No seas sarcástico.
-       ¿Y lo del pacto? ¿No te animas a hacer uno conmigo?
-       No. ya dije que no tengo posibilidades de hacerlo.
Al llegar a la mitad de la calle, se abrió una puerta con un estruendo y desde dentro salió Julián con el cuchillo de cortar reses en la mano.
Un corte limpio y mi cabeza rodó por la calle.
-       ¿Qué fue eso?
-       Tu cabeza rodando por la calle.
-       ¿Mi cabeza? ¿Cómo, cuándo?
-       Hay justicia en la Tierra y mal que te parezca, es una manera de terminar.
-       ¡Pero fue mi cabeza! ¡No es justo! ¡El incestuoso es él, yo soy un simple cornudo!
-       Eras, eras un simple cornudo. Ya no lo eres más.
-       Sí, claro, si me cortas la cabeza se me caen los cuernos, sino dónde quieres que los ponga.
-       ¡Uh! Y creí que mejorarías con el cambio. Vamos, ¡tirando que es gerundio! Que allá otro te aguante.
-       Sí, vamos que tengo mandangas atrasadas.
-       No te digo…
-       ¡La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida! ¡Ay Dios!
-       ¿Y eso?
-       Una canción de Rubén Blades.
-       No la conozco…




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