El Honor de servir como Padre


Temprano por la mañana, a la hora en que siempre el joven se levantaba para ir al colegio, el padre se acercó pronto a su cama y antes que este se pusiese de pie, se arrodilló e inclinando la cabeza le dijo algo en voz lo suficientemente baja como para que los dos entendieran. Era un acto 
privado, personal y único.


El cuarto del joven, desde que nació hasta ese día había pasado por varias transformaciones; en un comienzo fue la habitación compartida con su otro hermano, con dos literas una encima de otra y una lámpara que pendía del centro que se apagaba cuando el padre o la madre se retiraban de ella por las noches; luego fueron dos camas en escuadra y una mesilla para los deberes con su lámpara de mesa y la insoportable luz cenital adornada con los superhéroes de moda. El hermano creció y se hizo lugar para que tuviese su habitación solo y cada uno supo de la independencia de sus cosas cediendo parte de su territorio, pero ganando en posesiones y más héroes de pared. Ahora era su cama, sus libros, su música, la fotografía de su chica, su espacio y su aire; ahora, a partir de hoy era su mayoría de edad aunque esa seguiría siendo su habitación por un tiempo más. La luz de la mañana se filtraba como todos los días, como pidiendo permiso entre los pliegues de la cortina y las ramas del árbol del jardín. El suave perfume matinal no faltaba jamás, aún en invierno se las ingeniaba para entrar y posicionarse a un lado de la cama como un buen compañero. Esa mañana no faltaron, ni él ni la luz trepidante como testigos de la particular reunión de dos; el padre aún en pijamas no había querido siquiera perder tiempo en vestirse, tanto de importante era estar allí a tiempo.
-      Hijo, hace dieciocho años que naciste; han sido años muy ricos en experiencias buenas y malas;  en tiempos de tormentas y de plácidos días. Desde los primeros instantes en que estuviste aquí, hasta hoy, quiero que sepas, ha sido un honor muy grande servirte como padre y espero seguir siéndolo por siempre. Pero estos dieciocho años han sido los más importantes que he podido darte en servicio y de los que realmente me siento honrado haberlo hecho para una persona como tú. Gracias por haber venido a nuestra casa hijo. Solo que ría que supieras esto, lo agradecido que estoy y también tu madre, por supuesto, y el honor que me has hecho al permitirme servirte.
Con esto el padre le besó en la frente y se retiró de la habitación en silencio y con el corazón ahíto del buen orgullo y de satisfacción por haber cumplido con parte de su deber y responsabilidad. Lo había llevado a cabo con amor hacia esa persona y con amor había servido honrosamente a quién le diera la vida a su cuidado. Sabía que su hijo sería un hombre de bien, pues había plantado las semillas propicias y había despertado las emociones correctas.
El hijo recibió las palabras del padre con el corazón abierto, no era una locura más del viejo, ni cosas que se le ocurren a los padres; no, era parte de las tradiciones de la familia y seguro que él educaría a sus hijos bajos las mismas reglas, pues querría tener los mismos resultados. Él querrá hijos de bien y sentirá en su interior el honor de aceptar las vidas que le den a su cuidado; y con el mismo honor y responsabilidad los cuidará y amará.




Esa misma mañana al otro lado del pueblo, un joven regresaba a esa hora de una juerga de más de diez horas seguidas; se dejó caer en su cama con sábanas de seda en su amplio cuarto decorado por un artista renombrado. El ambientador no permitía que el olor a alcohol se difundiera más allá de la puerta, pero en los alrededores de la cama su presencia decía a las claras de cuales habían sido las bebidas que supieron acompañar la noche larga. La luz difusa apenas se hacía presente, pero aún así a los dañados ojos del joven le resultaban dardos hirientes cada vez que les abría. El mínimo frú frú de las sábanas era intolerable para su inflamado y sobrealimentado cerebro de las más variadas sustancias. Solo se durmió vestido y oloroso. Al mediodía el padre irrumpió en su habitación y golpeándole una pierna, le trató de despertar:
-      Hijo!! Hijo!! Vamos despierta chaval!! – gritó casi al oído del joven. Este con parsimonia levantó un párpado y una mano en señal de estar atento, el padre volvió a la carga.
-      Hijo que es tu cumple!!! Mira, mira lo que tengo en la mano!!!!.......Mira!!!....jajajajajaja, ¿a que no lo esperabas, eh? ¿A qué no? ¡¡Las llaves del Lamborghini!!!!!!! Feliz cumpleaños hijo!!!!.- el hijo saltó de la cama como pudo, abrazó a su padre y corrió a la puerta del frente de la casona. Allí estaba el regalo, rojo, reluciente con un gran moño azul y Mónica, la secretaria del padre en pantaloncitos cortos esperándole.
Con la embriaguez aún dando vueltas por la cabeza salió a probar el Lamborghini rojo; regresó para las tres de la tarde y comió un bocadillo, luego de dos palabras cruzadas con los padres, se ducho y volvió a salir a mostrar su regalo a sus amigos. Era su cumpleaños número dieciocho y en su cabeza debe haber pasado en algún momento, que cuando tuviese hijos, si los tenía, les regalaría un coche así, o más potente para que se acuerden siempre de su padre. Como él recordaría al suyo.


No es mi intención juzgar, cada uno da lo que puede, lo que cree conveniente, hace aquello que su ética y moral le dicta; por lo que no es posible discernir claramente quién actúa mal, quizás podemos decir que ambos hicieron bien dentro de sus ámbitos y sus formas de pensar. Solo que, sí nos podríamos preguntar cuál de ellos está formando un mundo mejor, cuál de ellos educa para un mundo sin guerras, sin violencia, sin diferencias, sin fronteras, sin hambre, sin desigualdades, sin analfabetos, sin pobreza. Podemos preguntarnos si los ejemplos no son demasiado extremos como para tomarlos como referenciales, también podríamos decir por qué no está el padre que volvió borracho y no se acordó del hijo que estaba en la cárcel cumpliendo sus dieciocho años; y sería el otro extremo. ¿Variaría algo tenerle en cuenta o solo aumentaría el morbo de contarlo? Creo que su inclusión solo se sumaría a las cifras que sacaríamos del padre del segundo ejemplo. Creo.
Solo reflexiono y escribo lo que pienso. Solo me cuestiono lo que usted puede estar pensando; o no. Si no es así y piensa distinto, le animo  a que lo comente, a que escriba que piensa……

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